miércoles, mayo 07, 2008

Sobre LAS RAÍCES - parte 2


En el Génesis se cuenta que, cuando Dios crea, da nombre a cada uno de los objetos de su creación. Conocer el nombre es conocer la realidad nombrada, y el hecho de conferir un nombre es un gesto de poder o una afirmación de derechos de propiedad o cualquier otra forma de dominio. De aquí que, aunque no hay nombre que pueda describir adecuadamente a Dios por su naturaleza única e infinita, el conocimiento de Dios empieza -en particular en la Cábala-, con el estudio de los nombres divinos. Dios, entonces, tiene muchos nombres y cada uno de ellos destaca un aspecto de su naturaleza. Conocer sus nombres produce entendimiento y fé, son como puntos de luz que "conectan" al hombre con Dios. Y también muestran que cosa es lo divino, en otras palabras, dejan ver qué cosas se pueden esperar de lo divino.
¿Cóm
o se conecta todo esto con la Biomúsica?

Comenzamos hablando de que la Biomúsica usa antiguos conocimientos sobre el
uso del sonido y su influencia sobre el ser humano. Para ir al punto concreto, primero debemos aclarar que existen muchas dificultades, semánticas y etimológicas, que se presentan cuando se pretende trasvasar en una lengua diferente a la original un nombre dado. Las resonancias y contenidos del texto original se pierden fácilmente en el proceso de traducción. No obstante, formularemos nuestras hipótesis. Todo esto, naturalmente, puede ser fuente de discusiones y aceptamos las discrepancias que puedan surgir.

Hemos dicho que el significado de una palabra se extiende a la particular pronunciación de los sonidos que conforman dicha palabra. También se firmó que los sonidos pueden poseer influencias subjetivas y/o objetivas sobre el ser humano. Las subjetivas se refieren a las emociones y asociaciones propias de cada palabra archivada en nuestra memoria. Las objetivas, en cambio, hablan de propiedades de sonido que pueden saltar el filtro de las asociaciones mecánicas de la memoria individual y estimular la mente en un modo distinto del habitual. En este último caso, el sonido golpea más allá de nuestro entendimiento.
Para sintetizar el tema, en Biomúsica afirmamos algunos de los que se conocen –o eran conocidos- como nombres divinos, son, en realidad, sonidos dirigidos a despertar potencialidades adormecidas del ser humano. En el lenguaje actual, explicamos esto diciendo que ciertos sonidos influyen directamente sobre la energía humana.

- Para aprender vas a precisar un instrumento -le dijo el viejo la primera tarde.
- Tengo mi flauta -respondió Pedro.
- Precisas otro, uno que armes tú. Si no, no vas a entender un montón de cosas. Vamos a ver si lo construimos.
El viejo hablaba como uno que esconde sus ideas y que se esforzara en escuchar a los otros. Después, Pedro supo que lo único que deseaba era estar a solas con el diamante de su alma, que brillaba con el silencio y la constancia que existen en el corazón de todas las cosas.
Todo el dìa siguiente lo pasaron armando trampas y distribuyéndolas por el monte. El crepúsculo estuvo sobre ellos antes de que Pedro se diera cuenta. Juntaron ramas secas y las apilaron encerrándolas en un cìrculo de piedras. El viejo empezó a golpear dos piedras entre sì y enseguida ardió un pequeño fuego.
Esa noche empezaron las lecciones. Pedro se debìa esforzar para no perder el hilo de las palabras que el viejo dejaba caer. Le hablaba de muchas cosas a la vez y parecìa querer confundirlo, saltaba de un tema al otro, los relacionaba a su voluntad o armaba alguna treta para desorientarlo. Sin embargo, la esencia de sus palabras siempre terminaba por quedar dando vueltas en la cabeza de Pedro. También a partir de ese momento, el viejo comenzó una larga lista de trucos que Pedro nunca pudo entender hasta dónde lo eran o hasta dónde eran realidades
Le explicó que para hacer fuego hay que saber copiar el sonido del fuego. Le dijo que cada piedra, cada planta, cada persona y cada estrella tiene su sonido y que ese sonido es la vibración de la fuerza que esconde en su interior, como una red que encierra esa cosa y le da la forma. Dijo que la gente no escucha el canto de una piedra, pero si la escuchara y la imitara podrìa crear montañas de piedras. Conocer el canto de las cosas puede servir para crear una cosa cualquiera, si es que uno puede hacer el sonido de la cosa.

Fuente: Biomúsica, Mario Corradini.

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