lunes, enero 21, 2008

ELEGIR UNA MÚSICA

por Ezio Magliano

A una pregunta que recibo muchas veces: “explícame cómo elegir una música que sea coherente con la línea de Biomúsica – Musicoterapia Evolutiva?”, creo que podría responder así...

La música debe ser considerada como un fenómeno físico del sonido organizado, con muchas definiciones posibles debido a que el sonido actúa a nivel cerebral, emocional, orgánico y espiritual. Según mi opinión personal esto se da en el hombre, en los animales, los vegetales, en el agua y en toda las formas de la materia.
Las personas tienen un cerebro funcionalmente mucho más complicado y parece ser que conocemos el 25% de este complejo aparato, como así también de sus posibilidades y de su lógica de acción. Una cosa es cierta, el sonido llega a los hombres de dos formas distintas: lo que podemos escuchar con los oídos (20/20.000 hz) y lo que recibimos como vibraciones en el cuerpo (que son frecuencias más altas o más bajas de lo audible). Estas vibraciones percibidas por el cuerpo -que se suman a las escuchadas- provocan una mezcla increíble de armónicos y de sensaciones que varían según el sexo, la edad, la cultura musical específica y la capacidad de interpretar-apreciar-descubrir estos mensajes. Por ello la música puede ser definida también como una comunicación no convencional, capaz de accionar muchas cosas tanto en el cuerpo y como en las emociones, independientemente del tipo de música y sin que uno pueda darse cuenta de esto, ni de darle una explicación lógica a esta relación causa – efecto.
En Biomúsica trabajamos utilizando las vocales en el sonido dirigido, afirmando que estos sonidos están conectados a diferentes partes del cuerpo. La experiencia de nuestros diferentes grupos de trabajo y de aplicaciones, confirman nuestros principios teóricos fundamentales. Esto también lo hemos comprobado a través de una investigación en Suiza, utilizando un aparato científico que se llama ANALIZADOR DE KONING (Karl Rudolph König
): la entonación de las vocales (sin diferencia de las notas emitidas) produce una serie de armónicos (y mejor si la parte mmmmmmmmmmm de fin de sonido es un poco más larga, como en nuestros ejercicios) que se pueden medir y los resultados siempre están en un ámbito frecuencial bien definido y constante.
Si después comparamos estos resultados con las afirmaciones de Tomatis, Aucher o Auriol, sobre la relación sonido - cuerpo humano, podemos afirmar, por ejemplo, que la "i" resuena sobre la nariz, que la "e" hace vibrar la garganta y partes del cuello... etc., etc., o sea exactamente los lugares donde la Biomúsica explica que el sonido dirigido tiene su influencia.
Biomúsica sostiene que se puede influenciar el sistema inmunitario, fonético, respiratorio, circulatorio, digestivo y sexual. Entonces, si creemos que en estas partes del cuerpo los problemas se pueden somatizar como conflictos emocionales, ciertamente podemos pensar que el sonido dirigido puede ayudar positivamente. Claro está que no es posible tener una mirada unilateral sobre las cualidades de una música o de la otra, sobre los sonidos sintetizados, los sonidos puros, etc., pero seguramente es distinto si un ejercicio de BM se hace con música o sin ella. Hay muchas posibilidades que se abren través de la música y de su audición; para cada situación puede ser útil una música o la otra, pero para nuestros ejercicios y experiencias tenemos músicas especificas compuestas especialmente y que son las correctas e indicadas para ello.
Todo esto, amigos, es sólo una explicación de los resultados, pero no es la música en sí. Podemos explicar cómo se produce, decir si para nosotros es más o menos agradable, si está bien grabada o no, etc., pero lo mejor es escucharla y observar los efectos que produce en las personas. En síntesis, creo que la música no se puede explicar: se escucha.

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